La Sala advierte que el uso de IA generativa no exime al letrado de verificar las sentencias, citas y argumentos que presenta ante un tribunal
Idea clave: la inteligencia artificial puede ser una herramienta útil en la abogacía, pero no sustituye la diligencia profesional. Un recurso con jurisprudencia inventada, citas falsas o resoluciones inexistentes puede tener consecuencias procesales y disciplinarias.
1. Una sentencia con una advertencia muy seria para la abogacía
El Tribunal Superior de Justicia de Galicia, en su sentencia nº 2408/2026, de 26 de mayo, ha realizado una advertencia especialmente relevante sobre el uso de herramientas de inteligencia artificial generativa en la redacción de escritos judiciales.
Aunque el pleito trataba inicialmente sobre la determinación de contingencia de una incapacidad temporal, la resolución adquiere especial interés por otro motivo: la Sala detecta en el recurso de suplicación numerosas citas judiciales falsas, inexistentes o incorrectamente atribuidas.
El Tribunal considera que esa forma de redactar el recurso resulta compatible con el uso de inteligencia artificial sin una verificación posterior suficiente.
Y la consecuencia no es menor: acuerda abrir una pieza separada para depurar posibles responsabilidades del letrado firmante.
2. ¿Qué detectó el Tribunal?
El TSJ de Galicia aprecia que el recurso contenía múltiples referencias jurisprudenciales problemáticas.
La Sala habla expresamente de:
- resoluciones que no existían;
- autos citados como si fueran sentencias;
- fechas y números de recurso que no coincidían;
- textos entrecomillados que no aparecían en las resoluciones invocadas;
- citas atribuidas al Tribunal Supremo o al Tribunal Constitucional que no se correspondían con su contenido real;
- jurisprudencia referida a materias completamente ajenas al asunto debatido.
En total, la sentencia identifica veinticuatro citas falsas, apócrifas o incorrectas.
La Sala califica esa situación como un ejercicio de “creatividad jurídica” y advierte que no se trata de un simple error aislado, sino de una reiteración de referencias inexistentes o no verificadas.
3. El problema no es usar IA, sino usarla sin control
La sentencia no prohíbe el uso de inteligencia artificial.
Lo verdaderamente relevante es que recuerda algo esencial: el abogado sigue siendo responsable del contenido que firma y presenta ante un órgano judicial.
La IA puede servir para:
✅ ordenar ideas;
✅ preparar borradores;
✅ estructurar argumentos;
✅ revisar estilo;
✅ detectar enfoques posibles.
Pero no puede sustituir la comprobación jurídica profesional.
Antes de presentar un escrito, el letrado debe verificar:
- que la sentencia citada existe;
- que la fecha y el número de recurso son correctos;
- que el órgano judicial es el adecuado;
- que el texto entrecomillado aparece realmente en la resolución;
- que la doctrina invocada guarda relación con el caso;
- y que la cita no ha sido fabricada por una herramienta generativa.
En Derecho, que un texto “suene bien” no basta.
4. Las “alucinaciones” de la inteligencia artificial en el ámbito jurídico
Uno de los riesgos más conocidos de la inteligencia artificial generativa es la creación de respuestas aparentemente convincentes, pero falsas.
En el ámbito jurídico, esto puede traducirse en:
❌ sentencias inventadas;
❌ fundamentos jurídicos inexistentes;
❌ citas doctrinales falsas;
❌ referencias normativas desactualizadas;
❌ jurisprudencia atribuida a órganos que nunca la dictaron.
El problema es especialmente grave porque una cita judicial falsa puede dotar de apariencia de autoridad a un argumento que, en realidad, carece de soporte jurídico.
Por eso, la IA debe utilizarse como herramienta auxiliar, nunca como fuente final no contrastada.
5. La responsabilidad sigue siendo del abogado
La Sala es clara: presentar un recurso con numerosas citas falsas puede revelar una falta de diligencia profesional.
El Tribunal apunta dos posibilidades:
1️⃣ que el recurso se hubiera elaborado con inteligencia artificial generativa sin revisión posterior;
2️⃣ o que las citas hubieran sido directamente inventadas por el profesional.
La propia Sala descarta inicialmente la segunda hipótesis por su gravedad, pero considera que, incluso en el primer escenario, existe una actuación negligente.
El mensaje es evidente: aunque el error proceda de una herramienta tecnológica, la responsabilidad de verificar el escrito corresponde al abogado.
La firma profesional no es un trámite formal. Es una garantía de control, revisión y responsabilidad.
6. La consecuencia: apertura de pieza separada
El TSJ de Galicia no se limita a rechazar el recurso.
Además, acuerda formar una pieza separada para depurar las responsabilidades en que hubiera podido incurrir el letrado firmante, al amparo de los artículos 75.4 y 235.3 de la Ley Reguladora de la Jurisdicción Social y de los artículos 552 y siguientes de la Ley Orgánica del Poder Judicial.
Esto significa que el Tribunal aprecia indicios suficientes para examinar si la conducta procesal pudo constituir mala fe, abuso procesal o infracción de los deberes profesionales exigibles.
7. Una lección práctica para el uso de IA en despachos profesionales
Esta resolución deja varias enseñanzas importantes para la práctica diaria de la abogacía.
Verificar siempre las citas
Toda sentencia citada debe comprobarse en una fuente fiable. No basta con copiar una referencia sugerida por una herramienta de IA.
No entrecomillar sin comprobar
Si se incluye una cita literal, debe verificarse que el texto aparece exactamente en la resolución original.
Usar la IA como apoyo, no como sustituto
La inteligencia artificial puede mejorar la productividad, pero no reemplaza el criterio jurídico ni la responsabilidad profesional.
Documentar el trabajo jurídico
Cuando se cite jurisprudencia relevante, conviene conservar la resolución consultada o su referencia verificable.
Revisar especialmente números de recurso y fechas
Muchas alucinaciones de IA parecen verosímiles porque combinan datos reales con otros inventados.
8. En palabras sencillas
El Tribunal viene a decir algo muy claro:
La inteligencia artificial puede ayudar a redactar, pero no puede convertirse en una máquina de fabricar jurisprudencia.
Un abogado no puede presentar ante un tribunal sentencias que no existen, citas que no aparecen en ninguna resolución o referencias que tratan asuntos distintos al discutido.
Si lo hace, aunque haya sido por confiar demasiado en una herramienta de IA, puede tener consecuencias.
9. Conclusión
La STSJ de Galicia de 26 de mayo de 2026 es una resolución especialmente importante para el presente y futuro de la abogacía.
No porque rechace el uso de inteligencia artificial, sino porque fija una advertencia necesaria: la tecnología no elimina los deberes profesionales de diligencia, veracidad y rigor.
La IA puede ser una aliada valiosa en un despacho, pero debe utilizarse con control humano, revisión jurídica y comprobación de fuentes.
En definitiva, la sentencia recuerda una regla básica: el escrito puede haber sido asistido por inteligencia artificial, pero quien lo firma y responde por él es el abogad